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Miradas a la corresponsabilidad en los hogares confinados en tiempos de pandemia

 

Cierto, un virus no discrimina, y no tiene – que sepamos-  conciencia de a quién infecta.

Pero las medidas que adoptamos y aplicamos en nuestro día a día para evitar que este virus siga infectando sí pueden discriminar y generar desigualdades, y desde luego quienes aplicamos  dichas medidas, sí tenemos (o deberíamos tener) esa conciencia de a quién “infecta”.

Estamos ante un virus que además de su propia naturaleza vírica es usado en ocasiones como “levadura social” que hace crecer la discriminación y exclusión. ¡Y eso no nos gusta nada!

Hoy queremos dirigir esta mirada, al espacio doméstico, ese espacio que durante la cuarentena ha sido tan prolífico en bizcochos y repostería, como para que los chistes sobre la escasez de levadura inunden las redes sociales. No queremos que en el “calor de hogar” el virus sea levadura de la asignación de roles de género ni de un mal reparto de los cuidados en casa. La única levadura que debemos dejar entrar es la de la responsabilidad, el cuidado y el tiempo re-partido y com-partido… y, la de los bizcochos!!

Por eso, hemos pedido a algunas personas que nos compartan sus espacios domésticos en estos tiempos de confinamiento, para seguir cuidando y mimando la corresponsabilidad, para que crezca, se hinche y se ponga  jugosa como un buen bizcocho.

Os pasamos dos recetas de buenos bizcochos de corresponsabilidad:

 

Bizcocho de confinamiento con adolescentes

Receta sencilla para un confinamiento corresponsable de familia: una madre teletrabajando, un padre, una hija y un hijo jóvenes; y tranquilidad, que tenemos de todo en nuestras casas…

Este bizcocho es sano y útil para el montón de tareas a realizar, unas las de siempre y otras más especiales: Camas desechas; Ropa sucia y arrugada; Cacharros y baños sucios (más uso, más tarea); Despensa que se vacía más rápidamente; Una casa que se mancha y se desordena más; Chapuzas pendientes, pintar, arreglar; Más comidas que preparar y pensar; Abuelos dependientes a los que hay que cuidar; y más, seguro que hay más.

 

Ingredientes:

  • Una parte de respeto a las demás.
  • Una pizca de disponibilidad. (las tareas son de todos y todas y hay que buscar un hueco).
  • Un buen vaso de dialogo.
  • Una parte de vocación al servicio de las otras personas. (lo que mejor se me da lo aporto y si no se me da bien, también)
  • Poner entusiasmos y alegría en la tarea. (“con mucho amor”, que dirían las amamas)
  • Una cucharada sopera o dos de paciencia, al gusto.

 

Pasos:

Lo primero es poner sobre la mesa todas las tareas pendientes y organizar quién hace qué y cuándo, para que la receta salga bien.

  1. Cada cual se levanta según su horario, tele trabajo, tele clase, importante, cada cual se prepara y recoge lo suyo (bueno esto no siempre es así y le toca a aita).
  2. Las tareas de la casa, cada una hace su habitación (o no) y un día a la semana reparto de tarea de limpieza general. Bueno baños es cosa de aita y ama. (de momento)
  3. A media mañana un par de días a la semana ama y el chaval, se reparten la tarea de la compra y de abastecer al abuelo y a la abuela. También se encargan del pan diario.
  4. A aita le toca preparar la comida, salvo que hubiera algo preparado con antelación, de restos de otro día. La mesa la pone la hija, normalmente. Recoger platos y demás se reparte entre las cuatro, aunque el fregado final lo suele hacer aita.
  5. Por la tarde se completan obligaciones y pasa el turno, al voluntariado y la vida social, Ongi Etorri Errefuxiatuak, el Eskaut, la Parroquia, el pintxo pote telemático, Chapuzas y reparaciones…
  6. La cena después de los paseos preceptivos, aunque dirigen ama y aita, en este espacio suele participar toda la familia, incluso poner la mesa, recoger y fregar. (aquí comentarios del día y previsión de plan del día siguiente)
  7. Alguna noche en la sala, se puede aprovechar para tratar como se está, como se ve la situación y demás. Y después, “peleas” por la tv y reparto de espacios y tiempos para cada uno antes de dormir: serie en el ordenador, chat, lectura, el conquis, etc…
  8. Bueno las discusiones y broncas según van surgiendo, no está programado. Dialogo respetuoso y mucha paciencia.
  9. El fin de semana, sin teletrabajo y telestudio se dedica, además de a lo habitual, a tareas generales de limpieza, orden y demás, lo más repartidas posible y a las compras semanales. Tenemos más tiempo para estar juntas.

Orekatuz / Comisión Igualdad de Mujeres y Hombres